miércoles, 25 de diciembre de 2013

A 12 años de la Rebelión Popular de diciembre de 2001: Unidad de los revolucionarios, por el poder obrero y popular




"Hay momentos en que el pueblo sintetiza en su acción
 los pasajes más significativos de su historia"
Agustín Tosco

Pasaron doce años de la rebelión popular que puso fin al gobierno aliancista de Fernando De la Rúa y marcó a fuego a toda una generación militante. Un hecho fundamental de nuestra historia de lucha, que encontró al pueblo en las calles enfrentando valientemente al Estado y sus fuerzas represivas y derribando a gobiernos antipopulares. Esa Rebelión fue el desenlace de un lento período de resistencia de los trabajadores y el pueblo, que tuvo sus inicios en la lucha contra las privatizaciones y la desocupación que se expresó en las puebladas de Tartagal, Cutral Co y Plaza Huincul, así como también en el surgimiento del movimiento piquetero como actor político de peso.
En esos días, el pueblo, masivamente en las calles, decía basta al saqueo de la década neoliberal, en la que se había vuelto hegemónico al sector financiero dentro de nuestro capitalismo dependiente. La crítica al régimen político se sintetizaba en la consigna "que se vayan todos" y la unidad de los sectores populares y medios encontró transitorio punto de confluencia en la consigna "piquete y cacerola, la lucha es una sola". La crisis de los sectores de la burguesía que se peleaban por definir la continuidad del modelo entre la dolarización y la devaluación abrió un impasse por arriba que fue quebrado por abajo por la acción popular independiente, que a fuerza de movilizaciones, cortes y ocupaciones abrieron un incierto pero esperanzador horizonte de cambio.
Grandes movilizaciones siguieron a ese Diciembre, donde las asambleas populares, la acción del movimiento piquetero y las fábricas recuperadas se propagaban por todo el país, abriendo una importante crisis política. La recomposición orgánica de la burguesía se inició de la mano de Duhalde a través del disciplinamiento social, que encontró su punto de máxima expresión en el asesinato de Darío Santillán y Maximiliano Kosteki en el Puente Pueyrredon, en junio de 2002.
Sin embargo, la normalización institucional sólo tuvo lugar plenamente con los mandatos de Néstor y Cristina Kirchner, a partir del cruce de varios factores: una situación internacional favorable que permitió un desarrollo económico sostenido, traducido en políticas sociales tales como la asignación universal por hijo, junto con una política de derechos humanos centrada en los juicios a los genocidas de la última dictadura.
En este marco el kirchnerismo logró ganar la adhesión de amplios sectores del movimiento popular que fueron protagonistas de la resistencia en los ´90, como también generar una importante adhesión y consenso social, lo que supuso un cambio importante con la etapa anterior, planteándonos nuevas tareas políticas.
Pero el modelo kirchnerista de "capitalismo en serio", estuvo estructurado sobre una política antipopular que tuvo en el orden del día el pago sistemático de la ilegítima y fraudulenta deuda externa, la precarización laboral y el trabajo en negro, el avance de la sojización y la minería trasnacional, la represión preventiva (de "baja intensidad") y selectiva sobre las luchas populares, los acuerdos con la más rancia burocracia sindical y el férreo control territorial que garantizan los gobernadores e intendentes pejotistas.
A su vez, en el marco del crecimiento económico y de la reinserción laboral (muchas veces precarizada) la última década fue el marco para el nacimiento de una nueva camada de activistas obreros que se foguearon en la lucha contra las patronales y la burocracia, permitiendo que la clase trabajadora organizada sindicalmente reaparezca en la escena como un actor central de la lucha y la organización de nuestro pueblo. Experiencias como las de Kraft, Subte, FFCC, Fate u Arcor, son expresión de un proceso de recuperación obrera que se plasmo en la multiplicación de los delegados clasistas, la conquista de juntas internas, cuerpos de delegados, seccionales y hasta sindicatos independientes de las patronales, las burocracias y el gobierno.
Hoy, tras diez años de gobiernos kirchneristas, comienza a visualizarse una persistente erosión de su capital político y una transición gubernamental que se perfila por derecha dentro del mismo peronismo, de cara al 2015. Ante este panorama, el debate sobre la proyección estratégica y los instrumentos políticos necesarios para un proceso de cambio social revolucionario adoptan un renovado interés y centralidad.
Si en el 2001 la enorme dispersión del campo popular, la ausencia de la clase obrera organizada en el centro de la escena política y la inexistencia de una organización revolucionaria capaz de poder ponerse a la cabeza de ese proceso, marcaron los límites históricos de la Rebelión Popular; doce años después siguen vigentes tareas y desafíos que se hicieron visibles en aquella ocasión y cuya resolución está lejos de ser resuelta en un sentido histórico.
En este sentido, se pone en evidencia la necesidad imperiosa de abonar con fuerza al proceso de recomposición por abajo del pueblo trabajador, en particular de la clase obrera y su perspectiva antiburocrática, y a su vez promoviendo la organización y lucha de los más amplios sectores populares.
En este marco se torna fundamental contribuir al proceso de confluencia entre organizaciones sociales y políticas, entendiendo la necesidad de generar una alternativa política capaz de convertirse en opción real de profunda transformación social para millones de trabajadores y trabajadoras en nuestro país, constituida por las mejores tradiciones de lucha y corrientes anticapitalistas y emancipatorias de nuestro pueblo.
Y resulta imprescindible, a su vez, avanzar en el reagrupamiento estratégico de las organizaciones, destacamentos y núcleos que reivindicamos una misma tradición del marxismo revolucionario. Un reagrupamiento que deberá apuntar con audacia y madurez política a la conformación de un partido revolucionario de la clase trabajadora y el pueblo, forjado al calor de la lucha de clases y con desarrollo nacional.
Sabemos que estas tareas no se limitan a la iniciativa de un puñado de militantes ni de unos pocos núcleos políticos, sino que son tareas históricas que deben tener raíces en nuestro pueblo trabajador. Pero sabemos también que sólo asumiendo el desafío desde lo que somos hoy, podremos avanzar por este camino fundamental, para promover una perspectiva revolucionaria para el socialismo.

A 12 años del 19 y 20 de Diciembre de 2001: ¡Viva la Rebelión Popular!
Por el poder obrero y popular.
Por el socialismo.


Córdoba se Mueve (CSM)
Movimiento de Izquierda Revolucionaria  (MIR)
Organización de Trabajadores Revolucionarios (OTR)
Transformar América con Conciencia y Unidad (TACU)

No hay comentarios:

Publicar un comentario